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Mostrando entradas de abril, 2014

¡Quiero un dragón!

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Cierta mañana la princesa Tessa se despertó, se estiró, bostezó y dijo: -¡Quiero un dragón! Así, como quien pide magdalenas... Como estaba sola en su dormitorio sólo la oyó Mimí, su gato de angora, que sabía mucho de ratones pero nada de dragones. Así que Tessa repitió durante el desayuno: -¡Quiero un dragón! La reina, su madre, y su padre, el rey, la miraron, se miraron, volvieron a mirarla y respondieron: -¡NO! Y siguieron desayunando tan tranquilos. Así que Tessa se puso sus botas rojas, cambió su vestidito por ropa cómoda, escribió una nota que decía: “¡QUIERO UN DRAGÓN!”  y fue en busca de un dragón. Volvió casi enseguida porque se dio cuenta de que no tenía ni idea de dónde encontrar un dragón, cómo atraparlo y de qué forma traerlo hasta casa.

Se quitó, pues, sus botas rojas, volvió a ponerse su vestido, guardó la nota que decía: “¡QUIERO UN DRAGÓN!”, fue a la gran biblioteca del castillo y se pasó allí días y más días estudiando todo lo que se pudiera estudiar sobre los dragones. Cuando…