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Mostrando entradas de noviembre, 2013

El hada muérdago

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Este cuento tiene ya unos cuatro años pero como no lo tenía en este blog y comienza la temporada navideña... :)





El hada Muérdago es pequeña, muy pequeña. Viste siempre de verde y rojo y, cuando se siente especialmente entusiasmada o feliz, agita sin parar sus hermosas y centelleantes alas de color dorado, tan rápido tan rápido que casi ni se ven, y se eleva a toda velocidad para luego dejarse caer planeando con suavidad.
El hada Muérdago es graciosa, muy graciosa, y también divertida, alegre y bulliciosa pero, sobre todo, es una de las hadas más responsables y sensatas de todo el bosque mágico lo cual motivó -hace ya muchos, muchos, muchísimos años- que el Consejo Supremo de las Hadas decidiera nombrarla Guardiana de la Magia de la Navidad. Una gran elección, sin la menor duda. Ni un sólo año, desde que ella se hizo cargo del asunto, ha faltado la Navidad en nuestro mundo.
Bueno, hubo cierta vez en que casi, casi nos quedamos sin ella. Pero sólo casi. Y como ahora tengo un poco de tiempo…

El invento de don Marino

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Menudo invento inventó don Marino el inventor, un invento inventado una noche de calor. Menudo invento inventó don Marino el inventor, un invento inventado que él solito inventó. Menudo invento divertido, todo de su invención, una noche de verano don Marino se inventó. Aquel invento inventado que don Marino inventó era un invento importante, un invento super genial. Era el mejor invento que se haya inventado jamás. El inventado invento que don Marino inventó iba a acabar con lo malo, lo regular y lo peor. ¿Y dónde está ese invento inventado que don Marino inventó? ¿Por qué nadie lo conoce, ni tú, ni ella, ni yo?
Porque el señor don Marino, el grandísimo inventor, como es muy despistado de su invento se olvidó. Lo metió en una caja, la caja en un gran cajón, el cajón en un armario y el armario lo cerró. Una semana más tarde el armario se llevó, lo bajó hasta el trastero y luego se olvidó. Y aquel invento inventado por don Marino el inventor sigue en aquel trastero, encerrado en el mismo armario…

Aura y la lavadora

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La pequeña Aura entra en la cocina y se sienta en el suelo, frente a la lavadora. Muy a menudo, su mamá se queja  porque dice que los calcetines desaparecen en esa máquina. Esto intriga mucho a Aura. Por eso siempre se sienta delante de la lavadora, para ver si logra averiguar dónde van los calcetines que su mamá pierde. Sus ojos dan vueltas y vueltas siguiendo el girar de la ropa. Sube un pantalón, baja una camiseta, asoma el borde de un vestido, ahí, ahí hay un calcetín... ¡vaya desapareció! Mientras la ropa gira, Aura piensa que, quizás, la lavadora es algo más que una lavadora. Piensa que, tal vez, es una puerta mágica hacia el mundo de los calcetines y por eso es que desaparecen tantos ahí dentro. Piensa que, tal vez, si mira muy fijamente, muy fijamente, sin parpadear siquiera, podrá ver cómo se abre esa puerta, allá, al fondo, y cómo se escapa algún calcetín; igual uno de esos rosas suyos tan bonitos. Sus ojos dan vueltas y vueltas siguiendo el girar de la ropa. Sube un pantalón, ba…