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Mostrando entradas de septiembre, 2013

Érase que se era

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Érase que se era una princesa fea, un príncipe tonto y un hada mala. Érase que se era un rey malvado, una madrastra sabia y una bruja buena. Érase que se era un dragón sin fuego, un pirata sin parche y un vampiro desdentado. Érase que se era un lobo inocente, una oveja feroz, un león muy tímido y un cerdito muy flaco. Erase que se era --en fin- un país de cuento en donde nada funcionaba como funciona en los cuentos. Y ocurrió en este curioso país de cuentos que la princesa fea se enamoró del príncipe tonto que fue secuestrado por un unicornio loco y llevado a un bosque oscuro y tenebroso. Y pasó que la princesa fea quiso rescatar al príncipe tonto y fue en busca de una bruja buena que le diera algún hechizo, o una espada mágica, o un arpa encantada, o cualquier otra cosa que sirviera para vencer al loco unicornio y  salvar al tonto príncipe.
Pero la pobre bruja -que era un poco despistada- le entregó al fea princesa una espada sin filo, una pócima para hacerse invisible que le producía pico…

El príncipe sapo

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El príncipe Herceg era guapo y esbelto, elegante, inteligente, educado y responsable. Tenía todo lo que un príncipe podía desear y era todo lo que un príncipe quería ser. Pero no era feliz. Tampoco era desgraciado. Más bien era como que ni fu ni fa, ni esto ni lo otro, ni aquello ni lo de más allá, ni una cosa ni la otra. El príncipe Herceg cumplía con todos sus deberes sin rechistar: se enfrentaba a dragones cada martes. Jueves y lunes salvaba bellas princesas. Los sábados y domingos acudía a cacerías matinales y a bailes nocturnos donde se veía obligado a tratar con encantadoras princesitas y malvadas madrastras. El resto de la semana iba a clases de idiomas, de protocolo, esgrima y diversos tipos de lucha. Pero cuanto más le alababan, cuanto mejores notas sacaba, cuanto más orgulloso se mostraba su padre el rey, menos satisfecho se sentía él. Y es que al príncipe Herceg eso de luchar con dragones -o cualquier otro tipo de monstruo-, salir a guerrear cada dos por tres, salvar princesas …

Aura no quiere comer

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Aura no quiere comer. Su plato está lleno de verduras y Aura odia la verdura. Aura está segura de que ella tampoco le cae bien a la verdura. Aura mira fijamente a las repugnantes hortalizas y sabe que ellas también la están mirando. Su madre le dice: -¡Vamos, come! La niña mueve su tenedor lentamente rumbo al plato. Y, de pronto, los tres o cuatro brotes de brócoli, de un salto, se ponen en pie. Parecen un pequeño bosque sonriente. Porque los brotes de brócoli sonríen, y se ríen, y luego giran y bailan cogidos de las manos. Aura intenta pillarlos con el tenedor pero los pequeños árboles de brócoli se retuercen, se curvan, se encogen, se estiran, se escabullen... -¡Cachis, así no hay manera!


Su madre vuelve a insistir: -¡Vamos, cómete esa verdura! Aura lo intenta con la berenjena. Pero... Las dos mitades se levantan, se juntan y se contonean, parece una bailarina oriental bailando la danza del vientre. Sus pequeños bracitos se agitan de un lado para otro sin parar, saluda a la niña, le hace bur…

Jugando con la Ñ

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¡Menuda maraña la tela que trama Vania la araña!
La pobre araña hoy tiene migraña no puede ni pensar por eso enmaraña su tela de araña y no la sabe desenmarañar.
¡Menuda maraña la tela que trama Vania la araña!
La araña, con saña, deshace su tela mientras se queja y se duele de la migraña que enmaraña su tela de araña.
¡Menuda maraña la tela que trama Vania la araña!
Vania, muy huraña, deja de tejer, hoy no