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Mostrando entradas de junio, 2013

Vayacalor y Menudalluvia

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En el país de Vayacalor siempre, siempre, lucía el sol. Los habitantes de este pequeño país sólo conocían la lluvia y el frío por lo que contaban en la televisión y por los viajes que algunos hacían al vecino país de Menudalluvia... y estaban hartos de sol, hartos de calor,  hartos de que el tiempo no cambiara nunca. En el país de Menudalluvia, en cambio, el cielo siempre era gris y llovía a diario: antes de desayunar, entre el almuerzo y la comida, después de la merienda y a la hora de cenar. Los habitantes de este país sólo conocían el sol por lo que contaban en la televisión y por los viajes que algunos hacían al vecino país de Vayacalor... y estaban hartos de nubes, hartos de lluvia, hartos de que el tiempo no cambiara nunca.
Cierto día los habitantes de Vayacalor decidieron reunirse para buscar una solución al asunto del clima y, durante varios días, estuvieron pensando sin parar. Cuando ya estaban a punto de rendirse, a alguien se le ocurrió proponer a los habitantes de Menudalluv…

Corazones mágicos

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Este cuento de hoy va dedicado a Oliver Herrero, fundador del blog Con un poco de ti y fallecido hace escasos días. Hace un tiempo creó una pequeña antología de cuentos sobre la leucemia(Te puede pasar a ti) cuyos beneficios han ido a la Fundación Josep Carreras en la que tuve el privilegio de participar con mi cuento Pedrito Pablito y el cuento que hoy os dejo iba a formar parte de otra antología (también creada por él) de cuentos para concienciar sobre la importancia de la donación de órganos. No sé si seguirá adelante o no pero, de momento, y siguiendo el ejemplo de Eliz Segoviano, lo dejo aquí para añadir mi pequeño granito de arena a su lucha y como pequeño homenaje a un luchador...




En un lugar muy lejano que no sé dónde está, al que nadie sabe cómo ir, que no he encontrado en ningún mapa y del que nadie conoce el nombre, vivían una bruja generosa y un hada egoísta. Brubruja Pituja, la bruja, se pasaba todo el día ayudando a los demás, buscando hierbas para hacer sus pociones medic…

(Concurso CuentosVeo) La nuez de Vainilla

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La ardilla Vainilla una nuez empujaba. Un paso, dos pasos, ya casi estaba. Pero tropezó y la nuez.... ¡PATAPLAF, PATAPLOF! Hasta el suelo cayó. Vainilla, la ardilla, tras la nuez corrió. Miró, olisqueó, giró, y en una topera colarse la vio. La ardilla Vainilla en la topera tras la nuez entró. -¡Buenos días, señor topo! -¡Buenas! -contestó él y justo en ese momento en su cabeza rebotó la nuez y del agujero salió. Vainilla, preocupada, tras ella corrió y la nuez, rueda que rueda, en el río hizo ¡CHOFF!
Una trucha flacucha que por allí pasaba, abrió la bocaza para bostezar y se la tragó. La pobre trucha casi se ahoga pero un esturión que todo lo vio, le soltó un sopapo y la nuez volando salió. La nuez subió alto, muy alto, tan alto llegó que le dio a un azor que cazaba un ratón y lo derribó. -¡Gracias! -dijo el ratón a Vainilla. -¡De nada! -Vainilla respondió, y siguió tras la nuez que rodando, rodando, hasta el pie de un árbol llegó. -¡Ya eres mía! -gritó.

Mi mamá es una bruja

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Mi mamá es bruja. Una bruja sin arrugas, sin narizota y con botas, pero bruja, bruja, requetebruja. Mi mamá tiene un enorme sombrero puntiagudo, pero no lo usa porque dice que le queda fatal y que para volar en escoba mejor usar casco, por si los coscorrones y tal. En la cocina, junto al microondas, guarda una olla muy gorda donde prepara pociones con ojos de escorpiones y alas de mosquito, y una sopa muy rica cuando estoy malito. Mi mamá es bruja rebruja, una bruja de las de verdad verdadera,

Eso les dije hoy a mis amigos y ninguno se sorprendió. Adriana dijo: -¡Vaya cosa! Mi mamá también es bruja y todas las noches asusta a los monstruos que se esconden en mi armario. Mario dijo: -¡Bah!  Mi mamá me cura todas, pero todas las heridas con un beso. Lucía dijo: -Mi mamá, en un pispas, transforma papeles en muñecas. Daniel dijo: -Pues la mía sabe cómo encontrar todo, absolutamente todo, lo que se pierde.
Yo bufé y rebufé. Eso no podía ser: -¡Que no, que mi mamá es bruja pituja y rebruja, con varita y…

Boo y Ties

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Aquel par de botas habían sido hechas para andar por campos y montañas, de acá para allá, de un lado para otro, para arriba y para abajo, pero habían tenido la mala suerte de haber sido compradas por un señor que nunca salía de su barrio. Boo y Ties -que así se llamaban- querían viajar, ver cosas nuevas, respirar el aire fresco, helarse de frío, achicharrarse de calor y, sobre todo, conocer mundo, mucho mundo y allí encerradas, se estaban poniendo cada vez más mustias y tristes. Cierto día alguien dejó la puerta del armario abierta. Boo y Ties miraron aquella puerta y se miraron entre ellas, volvieron a mirar la puerta y volvieron a mirarse, y así varias veces, hasta que, pasito a pasito, con mucho cuidado, comenzaron a avanzar.
Llegaron hasta la puerta y ahí se quedaron, bajo el perchero, quietecitas y asustadas. La puerta estaba cerrada. Boo y Ties permanecieron pegaditas a la pared, mirando fijamente la puerta, sin saber qué hacer. Entonces la puerta se abrió y las botas salieron corr…